Pues sí, las naranjas vienen de la China

  • Científicos españoles sitúan el intrincado origen de todos los cítricos en un único árbol ancestral en las faldas del Himalaya hace 8 millones de años

«¡Naranjas de la China!», decimos para expresar nuestra incredulidad ante algo. Pues va a resultar que, en este caso, la sabiduría popular está equivocada. Un equipo internacional de científicos, entre los que se encuentran algunos del Centro de Genómica del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), ha logrado desentrañar los orígenes de los cítricos y sí, esas frutas que consideramos tan nuestras tienen en realidad un remoto germen asiático. Por mucho que les duela a los valencianos.

 

Los cítricos se originaron en las faldas del Himalaya hace 8 millones de años - IVIA

Los cítricos se originaron en las faldas del Himalaya hace 8 millones de años – IVIA

 

El limón, la naranja, la mandarina y el pomelo son algunas de las frutas más comercializadas del mundo, pero sus orígenes e historia hasta ahora no habían quedado claros por su alto nivel de hibridación. Los investigadores analizaron los genomas de 60 variedades diferentes, de los que treinta son nuevas secuencias genómicas, desde la lima dedo australiana (Microcitrus australasica) hasta la mandarina Cleopatra (Citrus reshni).

El estudio, publicado este miércoles en la revista Nature, ha conseguido demostrar algo sorprendente: los cítricos actuales descienden de un solo árbol ancestral de hace 8 millones de años. En tal solo un millón de años, de ese cítrico primigenio surgieron diez especies naturales en las faldas del Himalaya, un área delimitada por el este de la India, el norte de Myanmar y el oeste de Yunnan, una zona que gozaba de un clima tropical, de bosque lluvioso. A partir de ahí se diversificaron de una forma espectacular.

«Esta diversificación fue provocada por un cambio climático drástico: una bajada espectacular de los niveles de CO2, un enfriamiento y sequedad máxima que provocaron que los cítricos ‘huyeran’ de allí», explica Manuel Talón, director del Centro de Genómica del IVIA y coautor del estudio. De esa forma, se extendieron rápidamente: las mandarinas, hacia China; los limones y los cidros, hacia el Este; los pummelos (no confundir con los pomelos), hacia Tailandia y las islas del sureste asiático… Con el tiempo, hace unos 5 millones de años, llegaron incluso a Papúa Nueva Guinea y Australia.

Incomestibles

Este proceso generó una red compleja de parentescos entre los cítricos que quedó registrada en sus genomas. Y hasta ahí la naturaleza, porque hace unos 4.000 años, los agricultores chinos decidieron mejorar esos frutos imposibles de comer, ácidos, llenos de semillas y pequeños. Mezclaron variedades hasta lograr naranjas de sabor dulce similares a las que hoy tenemos en nuestros fruteros. El cruce de una mandarina ancestral y un pummelo ancestral dio lugar a un fruto comestible, un híbrido sin acidez que se volvió a cruzar más veces. En la actualidad, la mayoría de los cítricos mantienen un fragmento de ese gen común que se encuentra en el pummelo. «Ese fragmento bajo la acidez e hizo comestibles a las frutas», apunta Talón. Todas las variedades de las mandarinas y naranjas actuales lo tienen.

Árbol genealógico de los cítricos

Árbol genealógico de los cítricos

A medida que esos frutos se extendieron por las rutas comerciales al resto del mundo, se crearon nuevas variedades y se fijaron las características deseables, como el dulzor. Un ejemplo muy famoso: a punto de comenzar el siglo XX, el religioso Clement Rodier obtuvo por casualidad en el jardín de un orfanato cerca de Orán, en Argelia, el fruto dulce que lleva su nombre: la clementina.

Para los investigadores, el estudio no solo cuenta de dónde vienen los cítricos, sino que también ofrece pistas para saber cómo podemos mejorar los que compramos cada día en el mercado. Este conocimiento es «muy valioso» para los productores y los consumidores, ya que ayudará a detectar las dianas genéticas más efectivas contra enfermedades devastadoras para los cultivos como el Huanglongbing (provocada por bacterias) y a desarrollar estrategias y enfoques para la mejora de variedades tolerantes al cambio climático y de cultivos más nutritivos y de mejor sabor.

«Ahora, para obtener una variedad nueva de cítricos debemos esperar 10 o 15 años a que crezca el árbol y poder comprobar la calidad de la fruta, es un proceso muy lento», explica el biólogo. Estos conocimientos les permitirán «seleccionar fragmentos del genoma asociados a características deseables».


Artículo original publicado el 8 de febrero de 2018 por Judith de Jorge en el ABC, España, sección Ciencia.

 

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