El fósil que reescribió la prehistoria humana

  • Hace exactamente 80 años, los paleontólogos hallaron la primera evidencia sólida de que el linaje humano surgió en África

En agosto de 1936, Robert Broom, un médico escocés con un gran interés en la paleontología, visitó una cantera de cal en Sudáfrica llamada Sterkfontein. En una guía de la época, el propietario del sitio escribió: “Venga a Sterkfontein y encuentre el ‘eslabón perdido’”. No pasaría mucho tiempo antes de que Broom hiciera exactamente eso.

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En la tercera visita de Broom a Sterkfontein, el director de la cantera, George Barlow, le hizo entrega de una masa de sedimento calcificado en forma de cerebro, con todo y circunvoluciones y patrones venosos. Era de tamaño modesto, pero era sin duda más grande que la de un mono u otro animal cuyos fósiles habían sido hallados comúnmente en cuevas de la zona. Broom no tardó en encontrar gran parte del cráneo, así como muchos de sus dientes asociados, y determinó que las piezas representaban un fósil humano llamado hombre-mono.

En ese momento, el único otro ejemplo de un hombre-mono era el cráneo del “Niño de Taung”. Debido a su corta edad de desarrollo, la comunidad científica había sido reacia a aceptar el fósil como un ancestro humano legítimo, ya que los huesos juveniles de simios y seres humanos se asemejan más entre sí que aquellos de los adultos.

Hace 80 años, el 19 de septiembre de 1936, Broom publicó sus hallazgos, los cuales habrían de reformar nuestro conocimiento de esos primeros ancestros. Los fósiles comenzaron a sugerir que África fue el hogar ancestral de nuestro linaje, y no Europa o Asia, como se creía anteriormente. Ahora llamadas la “cuna de la humanidad”, las colinas entre Johannesburgo y Pretoria avanzaron mucho más allá la revelación inicial de Broom, y hasta el día de hoy continúan mejorando el entendimiento académico.

Pero mucho antes de que los primeros fósiles humanos hubiesen sido encontrados en ella, la región ya había atraído la atención. En la década de 1890 se descubrió oro en esas cuevas, que más tarde fueron minadas por los enormes recursos de cal que también se encontraron allí. No obstante, a pesar de que todas esas materias primas fueron removidas hasta su agotamiento, los fósiles han demostrado ser el recurso más precioso de Sterkfontein.

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En 1947, ocho años después del final de la extracción de la cal, Broom volvió a Sterkfontein con el zoólogo John Robinson, buscando estrictamente fósiles. A las tres semanas, ambos fueron recompensados ​​con la recuperación de un cráneo de hombre-mono, apodado Señora Ples. Otros hallazgos se fueron acumulando rápidamente, incluyendo un esqueleto parcial, la anatomía del cual mostró que, aunque de cerebros pequeños y de muchas maneras simiescos, los hombres-mono de hace casi tres millones de años también se mantenían erectos y caminaban en dos patas, similarmente a los seres humanos modernos.

En 1956, C.K. Brain, un estudiante de geología que también reconoció herramientas primitivas de piedra en estos nuevos sedimentos, descubrió una capa de depósitos más jóvenes en Sterkfontein. Es importante destacar que estas herramientas se asociaron con fósiles de las especies más avanzadas de nuestro propio género, Homo.

Después de 10 años de inactividad en Sterkfontein, el anatomista Phillip Tobias y su asistente Alun Hughes iniciaron una serie de excavaciones sistemáticas en Sterkfontein en noviembre de 1966. No fue hasta 18 largos meses después que se recuperaron los primeros restos de fósiles humanos. En los próximos 25 años, los dos hombres habrían de recuperar cientos de ellos.

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Una de las decisiones más importantes que hicieron Tobias y Hughes fue en 1978, cuando empezaron a investigar las porciones subterráneas profundas de Sterkfontein, incluyendo una zona llamada la Gruta Silberberg. Los mineros de cal habían estado activos en la gruta y dejaron esparcidos por la zona cientos de bloques de sedimento calcificado, ricos en fósiles. Hughes recogió los fósiles y los almacenó en cajas para estudiarlos más adelante.

Tras la muerte de Hughes en 1991, el paleontólogo Ron Clarke tomó su lugar. Así, Clarke examinó los fósiles que durante 15 años habían permanecido entre las cajas, y descubrió un hueso mal identificado y previamente desconocido de hombre-mono. Más tarde, halló en ese mismo repositorio 12 huesos del pie y la pierna de un solo hombre-mono.

Muchos huesos dentro de estas cuevas sudafricanas llegaron allí por la acción de los carnívoros que arrastraron los cadáveres de animales a las cuevas para comerlos en reclusión. Este proceso desordenado por lo general rompió y dispersó los huesos, cubriéndolos con marcas de dientes.

Puesto que Clarke descubrió los huesos en un estado de preservación totalmente diferente, confiaba en que su hombre-mono habría escapado de ser la comida de un carnívoro; de hecho, Clarke creía que había un esqueleto completo en algún lugar de las profundidades de la Gruta Silberberg.

En junio de 1997, dos de los asistentes de Clarke, Nkwane Molefe y Stephen Motsumi, fueron encargados de una tarea imposible: tratar de encontrar una tibia donde probablemente reposaría el resto del hombre-mono de Clarke. El científico cree que el hueso probablemente se rompió durante las actividades mineras hace 65 años, y que el hueso restante todavía podría ser visible.

A pesar del masivo entorno oscuro y húmedo, Molefe y Motsumi encontraron la tibia rota después de sólo dos días de búsqueda, y armados sólo con lámparas de mano.

Durante los años siguientes a la extracción, la predicción de Clarke de un esqueleto entero de hombre-mono fue confirmada.  El fósil que el anatomista Tobías apodó “Pie pequeño” fue sacado de las profundidades y está siendo preparado y descrito por Clarke. Técnicas de datación estiman que “Pie pequeño” tiene unos 3,7 millones de años de edad, un millón de años más que los hombres-monos fósiles encontrados por Broom y Robinson décadas antes.

Cuando esté finalmente descrito por completo, “Pie pequeño” será una verdadera “Piedra Rosetta” antropológica, permitiendo entender mejor otros fragmentos aislados y rotos mediante su comparación con este esqueleto completo.

Estamos honrados de colaborar con Clarke en la continuación de su trabajo en este sitio, aun icónico después de 80 años. A medida que avanzamos con nuestra exploración de las cuevas, uno de nuestros principales objetivos es la integración de los datos de excavación de los últimos 50 años con la información de alta resolución estratigráfica, sedimentológica y geoquímica.

Esta evidencia revelará mejor el “cuadro grande” de la historia de Sterkfontein y nuestro propio pasado evolutivo, y se espera que demostrará parte del orgulloso legado de los sorprendentes descubrimientos de Robert Broom.


Artículo original publicado por Jason Heaton, Travis Rayne Pickering y Dominic Stratford el 19 de septiembre de 2016, en el Scientific American en Español, sección Evolución.

 

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