“Memorias de un Primate”, de Robert Sapolsky

Pocos libros tan divertidos y que se pueden leer tan fácilmente como éste. Sapolsky es un neurocientífico americano, experto en estrés, investigador de la Universidad de Stanford, en Palo Alto, California. Ha dedicado su vida a estudiar primates y cómo su conducta está relacionada con el comportamiento humano.

sapolsky

Él nació en una comunidad ortodoxa judía, de Brooklyn, Nueva York, donde en público estudiaba la Biblia y en privado soñaba en lograr salir de ahí e irse a vivir con gorilas. Dejó a su familia lleno de expectativas por tener una vida mucho más amplia y enriquecedora. En este libro platica de sus primeros años como etólogo, cuando no pudo conseguir una estancia en África para estudiar a los gorilas y en lugar de eso se fue a Kenya para dedicarse a los babuinos.

Por cierto que, como acostumbran los etólogos, Sapolsky les puso nombre a todos los individuos del grupo que estudiaba. Los nombres que escogió fueron los del Viejo Testamento. Resulta divertidísimo leer acerca de las aventuras de los babuinos Abraham y Moisés, la babuina Rebeca y los pequeños Sara y Saul.


Este libro le permite a uno entender cómo es la vida de alguien poco convencional, que se dedica tiempo completo a observar el comportamiento de animales en su hábitat natural y analiza sistemáticamente toda la información recabada con el objeto de obtener evidencias científicas acerca de lo que sucede en esas sociedades de primates.

Entre gran cantidad de anécdotas, Sapolsky reporta uno muy difícil de explicar, aun entre los primatólogos. Narra cómo sucede un secuestro entre los babuinos. Platica que uno de los machos babuinos estaba a punto de ser golpeado por otro individuo. El macho alfa, que presencia la escena, se acerca para poner orden, y la potencial víctima, en pánico, repentinamente agarra a un bebé reticente aterrorizado, se lo quita a la madre y lo abraza visiblemente. ¡Secuestra al bebé! Milagrosamente, ya nadie le pega. Ni su agresor ni el macho alfa.

La explicación clásica sería que los bebés son tan lindos y vulnerables que al agarrar al bebé se inhibe la agresión. Cualquier víctima de abuso infantil dirá que esta explicación es absurda. La única manera de entender estas conductas aberrantes es a la luz de la evolución.

Una explicación más maquiavélica es que la víctima no secuestra a cualquier bebé: secuestra a un bebé que el macho alfa considera suyo. El mensaje para el macho alfa es: métete conmigo y la pagan tu niño y tus genes.

Este libro es altamente recomendado, así como los vídeos de Sapolsky.

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