Las obras del canal de Panamá sacan a la luz al primer mono de Norteamérica

  • Habitaba la zona hace 21 millones de años, mucho antes de que el itsmo uniera los dos continentes

En Panamá salen a la luz algo más que papeles. Las obras de ampliación del famoso canal que cruza el país y conecta el Caribe con el Pacífico han desenterrado siete dientes fósiles de un mono de 21 millones de años, el primero del que se tienen evidencias en Norteamérica. La especie, que aparece descrita en la revista Nature, ha sido llamada Panamacebus transitus, en honor al país donde ha sido encontrada, y parece tener conexión con los capuchinos actuales.

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Los monos del Nuevo Mundo (platirrinos) forman parte de los ecosistemas tropicales modernos tanto del norte como del sur de América. Sin embargo, estas dos gigantescas masas de tierra estaban separadas por un océano hasta que el istmo de Panamá los unió hace unos 3,5 millones de años. Estimaciones genéticas sugerían que los monos no llegaron a América Central, la parte más meridional de la masa continental de Norteamérica, hasta este momento, pero la ausencia completa de fósiles había limitado el conocimiento de su historia.

mono-capuchinoLos nuevos fósiles del Panamacebus fueron encontrados en la formación Las Cascadas gracias al trabajo de los investigadores, que se vieron obligados a correr detrás de los ingenieros de las obras cada vez que dinamitaban las empinadas orillas del canal. Los científicos intentaban recoger los fósiles expuestos por las explosiones antes de que las fuertes lluvias y el rápido crecimiento de la vegetación ocultaran la evidencia de los violentos eventos tectónicos que elevaron el puente de tierra que unió las dos partes del continente.

«Le pedí a mi jefe un millón de dólares para cavar un gran agujero en el suelo y entonces el pueblo panameño votó para que la Autoridad del Canal de Panamá se gastara 5.600 millones para ampliar el canal y destapar un tesoro para nosotros, que contiene esta nueva especie de mono y muchos otros fósiles», explica Carlos Jaramillo, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), uno de los organismos que participó en el proyecto de recuperación junto a la Universidad de Florida y el Museo de Historia Natural y Ciencia de Nuevo México. Entre los otros restos se encuentran murciélagos, caballos, ardillas, pequeños camélidos, cocodrilos, tortugas y los feroces osos-perro.

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«Creemos que el Panamacebus estaba relacionado con el capuchino (también conocido como mono cariblanco) y con los monos ardilla que se encuentran en América Central y del Sur en la actualidad», apunta Jonathan Bloch, curador de paleontología de vertebrados en el Museo de Historia Natural de Florida, en el campus de la Universidad de Florida, y autor principal del estudio. «Antes de este descubrimiento, se creía que los monos del Nuevo Mundo habían evolucionado aislados en América del Sur, separados de América del Norte por un amplio mar», añade.

Antes de que se descubrieran los dientes de mono, la evidencia más antigua de la circulación de un mamífero de América del Sur a la del Norte era de hace 8,5 a 9 millones de años de edad, los restos fósiles de perezosos gigantes. Los autores del estudio sugieren dos explicaciones que van más allá que las diferencias en el clima o la existencia de importantes barreras geográficas. A su juicio, los mamíferos de América del Sur podían haber estado más adaptados a la vida en los bosques sudamericanos que todavía se encuentran en Panamá y Costa Rica que a otros tipos de bosque característicos del norte de América Central. O quizás, simplemente, la falta de depósitos fósiles en toda América central signifique que las evidencias de estas dispersiones aún no se han revelado.


Artículo original publicado el 20 de abril de 2016 por J. de J. en el ABC, España, sección Ciencia.

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