“Y el hombre creó a los dioses” de Pascal Boyer

¿Por qué tenemos religión? Esta pregunta ha cautivado a la humanidad por mucho tiempo y hasta hace muy poco se pensaba que ni siquiera era una pregunta válida. Y un buen día apareció el libro de Pascal Boyer. Es un profundo análisis científico de la religión, basado en evolución y psicología cognitiva. Le abre a uno a los ojos permitiendo ver la realidad desde una óptica muy diferente. Es uno de esos libros que se antoja leer un par de veces pues cada página exuda sabiduría. Altamente recomendado para los escépticos de la religión.

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Boyer discute por qué el hombre vive en sociedad y no de manera aislada. ¿Por qué en todas las culturas existen ritos y creencias? ¿Por qué en todas ellas existe el matrimonio, las ceremonias como los bautizos, los funerales y las celebraciones de ingreso a la edad adulta? ¿Será casualidad o un resultado de la condición humana?

Para todas estas preguntas, él tiene una respuesta lógica, razonada, basada en estudios científicos y muy bien argumentada. También nos presenta a las religiones como intentos fallidos de la humanidad por explicar la realidad, y como éstas poco a poco han ido perdiendo terreno, de la misma manera como pierde terreno la brujería y la astrología, a la vez que la ciencia va ganando terreno y explicando más y más fenómenos.

“Y el hombre creó a los dioses” es una excelente fuente de argumentos para rebatir a los fanáticos religiosos. Desafortunadamente, Boyer lo deja a uno un poco pesimista, pues da a entender que las creencias en seres sobrenaturales y las supersticiones están clavadas en lo más profundo del ser humano y no parece ser posible que la lógica y la razón las vayan a lograr desaparecer.

Extracto del Capítulo 1: ¿Cuál es el origen?

Una vecina del pueblo me aconseja que me cuide de los brujos. Si no lo hago, me lanzarán dardos invisibles que penetrarán en mis venas y me envenenarán la sangre.

Un chamán quema hojas de tabaco frente a una hilera de estatuillas mientras les habla. Les pide que vayan a los pueblos del cielo para ayudarlo a curar a un paciente cuya alma ha sido secuestrada por unos espíritus invisibles.

Un grupo de adeptos anda por todos lados diciendo que se acerca el fin del mundo. El Juicio Final será el 2 de octubre. Llega ese día y no pasa nada. Los fieles siguen gritando que el fin del mundo se acerca (pero ahora la fecha ha cambiado).

La gente de un pueblo organiza una ceremonia para informarle a una diosa que ya no es bien recibida allí. Como no pudo protegerlos contra las epidemias, decidieron cambiarla por una deidad más eficiente.

Una asamblea de sacerdotes declara que es ofensivo lo que ciertas personas piensan de una virgen que, al parecer, dio a luz a un niño hace muchos siglos, en un lugar remoto. Por lo tanto, esas personas deben ser asesinadas.

En una isla, los miembros de una religión deciden sacrificar su ganado y quemar sus cosechas. Dicen que ya no les hacen falta porque pronto llegará a la isla un barco repleto de víveres y dinero, como recompensa por sus buenas acciones.

Algunos de mis amigos van a veces a la iglesia o algún sitio tranquilo para hablar con una persona invisible que está en todas partes. Ese ser ya sabe lo que le van a decir, pues Él lo sabe todo.

Me dicen que, si quiero complacer a unos muertos muy poderosos —que podrían ayudarme en caso necesario—, debo verter la sangre de una cabra blanca en el costado derecho de cierta roca. Sin embargo, si elijo una cabra de otro color y otra roca, entonces el rito no tendrá efecto.

Si nos negamos a analizarlas más a fondo, podemos catalogar estas prácticas en la categoría, tan rica y variada, de la locura humana. También podemos pensar que estos ejemplos, por muy sucintos que sean —podríamos llenar varios libros con ellos—, son el testimonio de nuestra admirable capacidad para comprender la vida y el universo. Ciertas preguntas quedan por responder, tanto en un caso como en otro. ¿Por qué la gente piensa semejantes cosas? ¿Qué la motiva a actuar así? ¿Por qué tiene creencias tan distintas? ¿Por qué les tiene tanto apego?

Estas preguntas fueron consideradas durante mucho tiempo como misterios (no sabíamos cómo abordarlas); me gustaría demostrar en las páginas que siguen que hoy en día se han convertido en problemas (podemos idear posibles soluciones). De hecho, ya conocemos los primeros elementos de dichas soluciones. Y quiero precisar que este “nosotros” no es un plural mayestático que pudiera dar a entender que yo postulo una nueva teoría que yo considero universal. No, este “nosotros” se refiere a un conjunto de personas. A lo largo de este libro, les hablaré de los descubrimientos en psicología experimental, antropología, lingüística y biología evolucionista que han hecho distintas personas que, en su mayoría, no se dedicaban a la religión ni imaginaban siquiera que sus trabajos de investigación pudieran ayudar a explicar el sentimiento religioso. Por eso, aunque las bibliotecas estén saturadas de tratados sobre religión, historias de las religiones, la experiencia religiosa y demás temas afines, es de gran utilidad retomar esta cuestión para mostrar cómo ese misterio insondable que era la religión no es hoy en día más que un conjunto de problemas difíciles, pero que tienen solución.

PARA DESCUBRIR “DÓNDE MORAN ESOS VACÍOS ETÉREOS”

La explicación de las creencias y las conductas religiosas debe buscarse en la manera en que funciona la mente de los hombres. Y me refiero a “la mente de todos los hombres” y no a la de los creyentes o sólo de algunos creyentes. Lo que nos interesa aquí son las características mentales comunes a todos los miembros de nuestra especie que tienen un cerebro normal, la manera en que funciona la mente humana en general, ya sea de hombres o mujeres, franceses o finlandeses, jóvenes o viejos.

Esto puede resultar extraño. Las creencias varían de un individuo a otro; hay creyentes e incrédulos. Y, como es evidente, las creencias cambian de un pueblo a otro. Los budistas japoneses no tienen mucho en común con los chamanes amazónicos ni con los baptistas de Estados Unidos. ¿Cómo explicar un fenómeno tan variable (la religión) en función de algo que es igual en todas partes (el cerebro)? Sin embargo, esto es lo que intentaré hacer; lejos de ser un obstáculo para las explicaciones generales, la diversidad del sentimiento religioso nos proporciona muchas claves. No obstante, para poder entender esto, primero hay que describir de forma clara cómo funciona la mente, es decir, cómo es que el cerebro organiza y procesa la información.

Durante mucho tiempo se creyó que el cerebro era un órgano bastante simple. Además de las partes que controlaban la maquinaria física, se trataba, en el caso de los niños pequeños, de un amplio espacio virgen que la educación, la cultura y la experiencia individual poco a poco llenaban. Este concepto sobre el cerebro no era muy verosímil; después de todo, hasta el hígado y los intestinos son mucho más complejos. Pero como no sabíamos cómo se desarrolla la mente, carecíamos de hechos que refutaran esta “teoría de la página en blanco”. La mente humana se parecía a esas vastas extensiones inexploradas de África que, en los mapas antiguos, estaban llenas de palmeras y cocodrilos. No cabe duda de que hoy en día aún no lo sabemos todo acerca de la mente, pero una cosa sí está clara: cada nuevo descubrimiento invalida un poco más ese fantasioso concepto.

Sabemos, en particular, que nuestra mente no es capaz de captar simplemente “lo que está en el ambiente”, como dicen algunos. Ninguna mente en el mundo—ni la de la cucaracha, la jirafa, la de usted o la mía— puede aprender algo si no cuenta desde un principio con el equipo adecuado que le permita identificar la información que es pertinente en su entorno y procesarla de cierta manera. Y nuestra mente está diseñada así porque la selección natural nos ha dado cierto tipo de mente. Al estar predispuesta a captar ciertas ideas, la mente humana también está preparada para asimilar ciertas variantes sobre ellas. Esto significa, entre otras cosas, que todos los seres humanos pueden adquirir con facilidad cierto abanico de ideas religiosas y comunicarlas a otros, como lo mostraré más adelante.

¿Debemos acaso concluir que la religión es “innata” y que está “en los genes”? Al igual que la mayor parte de la gente interesada en la evolución de la mente humana, yo considero que esta pregunta no tiene sentido y que es importante entender por qué. Tomemos el ejemplo de otras capacidades humanas. Todos los seres humanos son capaces de pescar una gripe y de memorizar diferentes melodías. Nos resfriamos porque nuestras vías respiratorias alojan varios agentes patógenos, entre los que se encuentra el virus de la gripe. Retenemos melodías porque una parte de nuestro cerebro puede memorizar una serie de sonidos con el tono y la duración correspondientes. Pero no existen ni resfriados ni canciones en nuestros genes. Éstos sólo contienen una serie muy compleja de recetas químicas para crear un organismo normal, provisto de órganos respiratorios y conexiones particulares entre las áreas del cerebro. En un medio normal, los genes normales desarrollarán un par de pulmones, una corteza auditiva y, con ellos, la disposición necesaria para resfriarnos y canturrear. Claro que, si a usted lo criaran en una burbuja estéril y lo privaran de oír música, no tendría ninguna oportunidad para resfriarse ni tararear, aun teniendo las disposiciones necesarias para ello.

El hecho de tener un cerebro normal no significa que usted necesariamente tendrá una religión; sólo implica que puede adquirirla, lo cual es muy distinto. La evolución nos ha dado una mente particular que sólo puede adquirir determinadas ideas religiosas. No todas son aceptables. Las que adquirimos con facilidad son las que existen en todo el mundo; de hecho, por eso están tan difundidas. Shakespeare dijo que la poesía da nombre y morada a las nadas aéreas. Este comentario se aplica aún mejor a la imaginación sobrenatural. Sin embargo, como veremos más adelante, sólo algunas “nadas aéreas” pueden hallar una morada duradera en la mente humana.

ESCENARIOS SOBRE EL ORIGEN

¿Cuál es el origen de la religión? ¿Cómo es qué está presente en todas partes y desde siempre? Empecemos por examinar nuestras respuestas espontáneas a esta pregunta, con respecto a la cual todo el mundo parece tener una opinión. Aquellos que, como yo, estudian los procesos mentales que sirven de base para la religión se topan constantemente con personas convencidas de haber hallado la solución. Tienen incluso la molesta tendencia de exponerle a uno su teoría y dan a entender que cualquier otra búsqueda sobre el tema probablemente sea inútil. Si usted dice, “Uso algoritmos genéticos para crear dispositivos celulares eficientes”, la gente cree que ese trabajo requiere sin duda un gran esfuerzo. Pero si usted dice que trata de “explicar qué es la religión”, a la mayoría no le parecerá algo tan difícil ni complicado. Casi todo el mundo cree saber por qué existe la religión, qué le aporta a la gente, por qué hay quien se aferra a su fe y demás. Para los investigadores, estas intuiciones son un verdadero reto. Si dichas intuiciones son suficientes, ¿qué sentido tiene desarrollar una compleja teoría? No obstante, si, como yo considero, no bastan, la nueva teoría deberá ser por lo menos tan convincente como las intuiciones que pretende reemplazar.

Casi todas las teorías sobre el origen de la religión se reducen a una de las siguientes hipótesis: la mente humana está sedienta de explicaciones; el corazón humano necesita consuelo; la sociedad humana requiere orden; el intelecto humano es propenso a la ilusión. Para ser más precisos, he aquí algunos escenarios posibles:

La religión es una explicación

1. El hombre creó la religión para explicar fenómenos naturales misteriosos.

2. La religión explica experiencias misteriosas: sueños, presentimientos, etc.

3. La religión explica el origen de las cosas.

4. La religión explica por qué existen el mal y el sufrimiento.

La religión brinda consuelo

1. Las explicaciones religiosas hacen más tolerable nuestra mortalidad.

2. La religión alivia la angustia y compensa la incomodidad del mundo.

La religión fundamenta el orden social

1. La religión es fuente de cohesión social.

2. La religión perpetúa un orden social particular.

3. La religión fundamenta la moral.

La religión es una ilusión

1. La gente es supersticiosa; cree en lo que sea.

2. Los conceptos religiosos son irrefutables.

3. Es más fácil creer que refutar.

Sin ser exhaustiva, esta lista es bastante representativa. Si revisamos con más detalle cada una de estas ideas generales, veremos que ninguna explica realmente por qué existe la religión ni por qué es como es. Entonces, ¿por qué llevar a cabo semejante ejercicio? No es mi intención burlarme de la gente ni demostrar que nosotros los investigadores somos más listos que todos los demás. Estas explicaciones espontáneas me interesan porque son muy comunes, porque quienes reflexionan sobre estos temas con frecuencia las redescubren y, sobre todo, porque no son tan malas. Cada uno de estos escenarios destaca un aspecto real e importante de la religión que toda teoría, que sea digna de llamarse así, tendrá que explicar. Además, si los tomamos en serio, podemos arrojar una luz interesante sobre la manera en que las ideas y las creencias religiosas aparecen en la mente humana.

 

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