¿Qué vino primero, la fe en una deidad todopoderosa o la estructura social?

  • Un estudio de las sociedades astronesias revela que la creencia en un dios todopoderoso no siempre precedió a la aparición de un sistema político complejo.

Todas las sociedades humanas han sido moldeadas por la religión, lo que ha llevado a los psicólogos a preguntarse sobre el origen del fenómeno religioso y si ciertas clases de creencias han influido sobre otros aspectos de la estructura social. Según un punto de vista reciente, la fe en un “gran dios”—una deidad todopoderosa y punitiva que juzga nuestras acciones desde un prisma moral— habría desempeñado un papel clave en el camino hacia la complejidad social.

godEsa tesis acaba de ser puesta en duda por un estudio sobre los sistemas religiosos en Austronesia, la red de islas y pequeños Estados que se extiende desde Madagascar hasta la isla de Pascua. Aunque en dichas sociedades la creencia en un castigo sobrenatural sí habría precedido a la emergencia de un sistema político complejo, la fe en una deidad suprema habría surgido solo después. Los resultados fueron publicados hace unos días en Proceedings of the Royal Society B.

Joseph Watts, experto en evolución cultural de la Universidad de Auckland y uno de los autores del estudio, explica que su equipo se propuso recabar pruebas sobre la relación entre la fe en un gran dios y la evolución cultural de las grandes sociedades. Hace unos años, Ara Norenzayan, psicólogo de la Universidad de la Columbia Británica, propuso que la creencia en un dios supremo y moralizante habría ayudado a las sociedades a ampliar su capacidad para controlar la conducta moral de sus miembros, ya que en tal caso la amenaza de represalias continúa presente aunque nadie presencie las transgresiones.

Dos ejemplos de religiones con dioses todopoderosos y moralizantes son el cristianismo y el islam, los representantes más extendidos de las religiones abrahámicas. Sin embargo, estas religiones son posteriores a la aparición de las primeras sociedades complejas. Por tanto, la pregunta es si en otras culturas más antiguas, como las de la Edad de Bronce, la fe en tales dioses catalizó la complejidad sociopolítica o surgió como resultado de ella.

Watts opina que, en vez de buscar relaciones estadísticas entre complejidad social y creencias religiosas, abordar la cuestión requiere desembrollar las relaciones de causa y efecto. “Las culturas austronesias proporcionan una muestra ideal para ello, ya que han permanecido aisladas en gran parte de las religiones modernas, pero sus creencias sobrenaturales se encuentran bien documentadas”, explica.

Culturas diversas
lead_deskew=-22 checksum=0c08fb04944c51ad334eeee56f127234De las cerca de 400 culturas astronesias conocidas, Watts y sus colaboradores seleccionaron 96, todas ellas con registros etnográficos detallados. La muestra resultante, de la que se eliminaron todas aquellas sociedades que hubieran podido verse influidas por el contacto con las tradiciones abrahámicas, incluía desde los hawaianos nativos, quienes profesan una fe politeísta, hasta el pueblo merina de Madagascar, que cree en un dios supremo.

El estudio consideró dos grandes clases de religiones: las basadas en un dios supremo y aquellas con un sistema de castigo sobrenatural más amplio, como los dictados a través de espíritus ancestrales o fuerzas inanimadas. Aunque en ambos casos la conducta moral se encuentra fiscalizada por un agente sobrenatural, en el segundo no existe una deidad suprema que supervise todo el proceso.

Según el estudio, seis de las culturas seleccionadas creían en una divinidad suprema, 37 tenían sistemas de creencias más amplios y 22 eran políticamente complejas. Para analizar la relación entre las distintas sociedades y el intercambio de ideas entre ellas, los investigadores emplearon árboles evolutivos inferidos a partir de estudios lingüísticos previos. Ello les permitió poner a prueba diferentes hipótesis, como si la creencia en un dios supremo precedió o no a la aparición de un sistema político complejo.

Los expertos concluyen que, si bien existe una cierta coevolución entre la complejidad política y la fe en una divinidad suprema, la segunda es más una consecuencia que una causa de la primera. En cambio, los sistemas de creencias basados en castigos sobrenaturales más amplios sí parecen contribuir a la emergencia de una cultura política compleja, aunque tampoco la garantizan.

“Creo que el orden de los acontecimientos preferido por los autores coincide con lo que cabría esperar a partir de primeros principios”, opina Mark Pagel, biólogo evolutivo de la Universidad de Reading. Para él, la complejidad política aumentó cuando comenzaron a surgir las redes de comercio y de reputación, un proceso cuyo aspecto clave es la lengua, no la religión.

Entonces, ¿qué papel desempeña la fe en un dios supremo? “Fue un instrumento de control empleado por los cargos religiosos para consolidar su poder”, asegura Pagel. “Tan pronto como una sociedad genera una gran cantidad de bienes y servicios, esa riqueza puede ser aprovechada por quien tome las riendas del poder. Y la forma más inmediata de conseguirlo es alinearse con una deidad suprema y elaborar listas sobre lo que puede y no puede hacerse, las cuales se convierten en “moral” cuando se aplican al comportamiento social”.

Hervey Pueblos, antropólogo de la Universidad de Cambridge, sostiene que existen bastantes indicios de que, aunque la fe en un dios supremo no engendre la complejidad política y social, si puede influir sobre ella y contribuir a estabilizarla. “El nuevo estudio es impresionante e innovador, pero puede que sea difícil de generalizar”, añade.

Norenzayan está de acuerdo: “En Austronesia, la complejidad social y política ha sido limitada. Ha habido líderes tribales, pero no sociedades con carácter de Estado, por lo que no resulta tan sorprendente que la fe en un dios supremo y moralizante no desempeñe un papel protagonista”, apunta. Según el investigador, la creencia en tales dioses coevolucionó con las grandes sociedades estatales típicas de Eurasia, si bien su influencia en la cultura tampoco habría sido universal.

 

 


Artículo original publicado el 10 de marzo de 2015 en el Scientific American Español, sección Más Ciencia/Noticias.

 

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