“Evolución: El mayor espectáculo sobre la Tierra” de Richard Dawkins

Lectura obligada para cualquiera que se pregunte acerca del origen de los seres vivos en la Tierra.

Richard Dawkins Photograph: Jeremy Young 05-12-2006

Dawkins es brillante y claro en sus explicaciones, paciente con el lector difícil de convencer y obstinado en quitarle a la humanidad todas sus supersticiones. El libro es básicamente un compendio ameno de las evidencias de la evolución sucediendo, no sólo en el pasado sino en nuestros días. El texto cumple una función didáctica, pues cubre amplia gama de temas: la selección artificial, el estudio de rocas y fósiles, eras geológicas, evolución del hombre, placas tectónicas y todo aquello que contribuye a fortalecer los argumentos a favor de la evolución.


Prólogo

Cada día aparecen nuevas pruebas que respaldan la evolución, y son más sólidas que nunca. Al mismo tiempo, aunque resulte paradójico, la oposición mal informada también cobra más fuerza de la que puedo recordar. Este libro es mi resumen personal de las pruebas que demuestran que la «teoría» de la evolución es un hecho real —tan irrefutable como cualquier otro hecho de la ciencia—.

Este no es el primer libro que escribo sobre la evolución, y debo explicar qué es lo que lo hace diferente. Podría definirse como mi eslabón perdido. El gen egoísta y El fenotipo extendido ofrecían una versión poco habitual de la conocida teoría de la selección natural, pero no hablaban sobre la evidencia de que la evolución realmente haya ocurrido. Mis tres libros siguientes, cada uno a su manera, trataban de identificar, y de deshacer, distintas barreras del conocimiento. Estos libros, El relojero ciego, El río del Edén y (mi favorito) Escalando el monte improbable, respondían a preguntas como «¿qué utilidad tiene medio ojo», «¿qué utilidad tiene media ala?», «¿,cómo puede funcionar la selección natural si la mayoría de las mutaciones tienen efectos negativos?». No obstante, aunque estos tres libros despejaban algunas dudas importantes, no mostraban pruebas reales de que la evolución sea un hecho. Mi libro más extenso, El cuento del antepasado, exponía todo el curso de la historia de la vida, en forma de una especie de peregrinaje chauceriano en busca de antepasados, hacia atrás en el tiempo, pero de nuevo asumía como cierto el hecho de la evolución.

Al revisar estos libros me di cuenta de que en ninguno de ellos aparecían pruebas del hecho de la evolución, y ese era un problema importante que debía zanjar. El año 2009 me pareció un buen momento para hacerlo, ya que se celebra el bicentenario del nacimiento de Darwin y el 150.° aniversario de la publicación de El origen de las especies. Como es lógico, no soy el único que se percató de esta coincidencia, y en este año han visto la luz obras excelentes, entre las que destacaría el libro de Jerry Coyne Why Evolution is True [Por qué la evolución es verdadera].

El título provisional que mi agente literario, el visionario e infatigable John Brockman, sugirió a los editores para mi libro fue Solo una teoría. Después se dio cuenta de que Kenneth Miller ya se nos había adelantado utilizándolo para su larguísima contestación a una de esas demandas judiciales por las que a veces se deciden los planes de estudios científicos (un juicio en el que desempeñó un papel heroico). En cualquier caso, siempre tuve dudas sobre la idoneidad del título de mi libro, y estaba dispuesto a archivarlo cuando me di cuenta de que el título perfecto llevaba tiempo esperándome en otro estante. Hace varios años, un admirador anónimo me envió una camiseta en la que aparecía el siguiente eslogan jocoso: «Evolución, el mayor espectáculo del mundo, el único juego en la ciudad». De vez en cuando se me pasaba por la cabeza comenzar una conferencia con ese título, y de pronto comprendí que sería un título idóneo para este libro, aunque si lo utilizaba completo iba a resultar demasiado largo. Lo reduje a Evolución. El mayor espectáculo sobre la Tierra. Por otra parte, «Solo una teoría», precavidamente encerrado entre signos de interrogación para evitar que los creacionistas lo sacaran de contexto, sería un estupendo título para el primer capítulo.

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